Sobre la libertad de expresión
La libertad de expresión no se mide por un baremo infalible e indiscutible, se mide en función de lo que cada uno lo evalúe, y de lo que afecte a su prestigio personal, profesional, ético o moral.
Cuando la libertad de expresión atenta contra una persona, los contenidos son falsos, y el motivo es desacreditarla, los tribunales de justicia son los que en última instancia dirimirán la cuestión; pero cuando las palabras son ciertas y demostrables, y que descubren acciones que afectan al que van dirigidas las expresiones, es cuando se crean las confrontaciones y hostilidades, y que suelen dirimirse vía extra judicial, ya que no le interesa al individuo afectado llevarlo a los tribunales.
El ciudadano mide la libertad de expresión con diferentes tablas, ya que su única razón de evaluar es la simpatía o aversión que le produce el que la expresa, no dispone de otras evaluaciones ecuánimes, por lo tanto, el concepto de libertad de expresión del ciudadano de a pie, siempre será cuestionada y nunca fiable.
El ciudadano Rubianes, en donde con toda seguridad en su documento nacional de identidad, figura su nacionalidad española, ha expresado en unas declaraciones públicas una serie de definiciones sobre España que no hace falta reproducir porque todos las conocen; definiciones o calificaciones que a nadie le gustaría que se las dijeran, y que probablemente el mismo señor Rubianes hubiera reaccionado violentamente si otro hubiera dicho sus mismas palabras hacia su madre biológica. ¡Pero claro! No es lo mismo ciscarse en la madre de uno que otro se cisque en la nuestra.
Esto para mi, no es libertad de expresión, es simplemente mala educación. Les aseguro, que en los tiempos más terribles del Franquismo, en donde la libertad de expresión era nula; ciscarse en padres, madres y dioses, era bastante corriente, lo que pasa, que las reacciones ante tales insultos se solían dilucidar de otras maneras.
RESUMIENDO: Las declaraciones del señor Rubianes, muy poco tienen que ver con la libertad de expresión y si mucho con la mala educación.
El señor Jiménez Losantos, si que atenta contra la libertad de expresión de algunos. De aquellos que no quisieran que nadie se enterara de que un banco le ha condonado más de mil millones de pesetas; de los que no quieren que se investigue sobre el 11M2004, y de los que son sometidos a censura y crítica por una voz que llega a millones de oídos. Esta es la libertad de expresión que muchos prohibirían y acallarían. Un “me suda la polla” o “una puta España”, es algo que hasta puede hacer gracia, y no tiene más trascendencia que la polémica por unos días para esos que desean callar la voz de Federico.
Hace dos mil años la libertad de expresión de un pueblo, salvó de la cruz a un delincuente pero condenó a un inocente. Por eso cuando el pueblo habla de libertad de expresión. ¡GATO!
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