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El diario de Félix B. Basaldúa

Noche de bodas real

Noche de bodas real

¡Han llegado al tálamo de los gozos!
¡Dios mío! que día mas palpitante,
el príncipe mira a la Leti a los ojos,
ansía “meter” cuanto antes “el guante”.

Suite real ¡Que cama! ¡Que barbaridad!
Lienzos del lecho en hilos de sedas,
el prócer denota demasiada ansiedad,
el cabello de la novia es su mano enreda.

Ella, plenitud y belleza de reina maga...
se desliza por el tapiz cual celeste driada
al trasluz del ventanal se clarea su braga.
¡Madre mía! ¡Que hermosa está mi dama!

El egregio no lo puede remediar: se empalma,
no puede controlar un tremendo arrebato;
la Leti le mira con fruición y pide calma,
¡sosiego, sosiego!, ¡meteré dentro de un rato!

Antes he de hacer un “popo y un pipi”.
El alto insigne nervioso juega con sus dedos,
en las hondas simas de su alteza quiere vivir,
de su ensimismamiento le saca un real pedo.

¡Oh gran Dios! No. ¡Pero que es lo que vedo!
La heredera sale del baño real desnuda...
Ni hespérides, ni sirenas, ni náyades ni hadas
pueden competir con una princesa tan huesuda.

Solemne se desliza por alfombras de hilo puro,
blandiendo poca teta pero bastante cadera,
a Felipe en la garganta se le hace un nudo;
se le cae hasta la cimera al ver aquel “felpudo”.

El soberano en el catre como la reina le formó,
la princesa a su lado con ardor se arraiga,
esta noche ¡te juro! que te “echo más de dos”
y puede que por la mañana alguno más caiga.

¡Besos... caricias... achuchones y lametones...!
¡Dios mío! ¡Pero que furor mas despiadado!
Lleno de amor tiene el majestuoso los ............
sin ninguna duda de su princesa está enamorado.

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