Oda a mi sobrina Isabel
Nacida de la sangre de mi hermano;
fluidos de un manantial que idolatro,
niña morena que mimaron mis manos.
Hija que me contrarió un paraíso ingrato.
No tengo hijas, sobrina de mi esencia,
se me negó la dicha de mimar un serafín,
cada vez, Isabel que estás en mi presencia,
en tus ojos percibo aquel ángel que perdí.
Isabel, precioso nombre que cantó el juglar;
ojos profundos donde se pierden amaneceres
de un maravilloso templo su druida y vestal,
en que se contempla el mundo de las mujeres.
Hoy tienes triste la mirada, estrella morena,
canta a la vida, a tu esposo, a tus dos luceros,
libera tus malos presagios de esa oscura trena.
Vive el amor de los que te dicen: ¡te quiero!
0 comentarios