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El diario de Félix B. Basaldúa

El Tafanario de Rosario

El Tafanario de Rosario

Aunque por mis escritos se pueda deducir que soy un obseso sexual, puedo asegurar que esa definición no es justa, ya que el sexo no perturba mi mente ni me lleva a acciones o a aberraciones reprobables punibles. Lo que si me declaro subliminal de la redondez del cuerpo de la mujer y de las prendas íntimas que lo resaltan y lo exaltan en mi mente a pináculos celestiales.

Nunca jamás la contemplación de un cuerpo femenino me ha llevado a deseos que no pudiera confesar a la dueña del mismo; y nunca haría algo vergonzoso o indigno para conseguir la “adoración” de esa imagen por la fuerza. ¡Dios mío, que horror! Si precisamente lo que más me estimula es la estimulación que le provoca a la mujer mis estímulos.
Por lo tanto, violar un cuerpo femenino es el extravío más grande que puede llegar un hombre; repugnante y propios de enfermos que desean conseguir el placer por el anti placer. Si algo que detesto con toda mi alma es ver a una mujer padecer.
Una vez quedado claro como la aurora que mi conciencia está limpia como una patena de obscenidades y escabrosidades, proclamo aquí con la conciencia blanca e inmaculada, que recorrer el cuerpo de una mujer con manos y lengua de una forma calmosa, es tan apasionante como recorrer la vista por esa obra de arte pictórica que te inunda la cognición a rebosar, o escuchar esa sinfonía que te pone la carne de gallina y que te eleva a estadios febriles.

Las redondez de las nalgas de una mujer, es ante mi particular visión el espectáculo más pictórico del cuerpo femenino; es la apoteosis de la representación, el más hermoso final, el remate de la obra perfecta.
La contemplación de un culo de mujer visto desde cualquier perspectiva te sobrelleva a imaginar las más férvidas elucubraciones. Mires por donde lo mires subyuga, y si la poseedora te lo ofrece en toda su pompa para que lo degustes, lo olfatees, o lo aprecies en todo su esplendor..

¡Enciende el campanario,
Que repiquen sus campanas!
Voy amar al dios Tafanario
de una hermosa cristiana.
Después le rezaré un rosario
a la virgencita de Triana.

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