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El diario de Félix B. Basaldúa

¡Qué bien follaban "las rojas" españolas de los años 60!

¡Qué bien follaban "las rojas" españolas de los años 60!

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unque a la hora del folleteo no tienen porque influir en la mujer las ideas políticas ni religiosas, ¡vaya que si se notaban entonces a la hora del himeneo! La moral cristiana sin duda hizo que muchas mujeres siguiendo los mandamientos de esa fe, no se comportaran en la cama según sus pasiones, ya que éstas les había restringido en pro de su convicciones místicas.

Hoy todas las mujeres follan como Dios no manda, ya que en el sexo las pasiones dictan, no Él. Pero hace tan sólo cuatro décadas, los que vivimos el sexo los años sesenta, doy fe, que el fornicar fuera del matrimonio no es que fuera difícil,  era un milagro. Por eso cuando nos preguntaban

.-¿Y tú para que te casas?

La respuesta inmediata era.-Para follar.

Los chavales de entonces sabíamos que para la inmensa mayoría de las mujeres del régimen, era deber sagrado ir virgen al matrimonio, y aseguro que más de un hombre pedían a sus futuras esposas certificado de virginidad; eso de casarte con una mujer “catada” era un deshonor, sobre todo en las localidades pequeñas; te marcaba de por vida.

Permitan que diga que un servidor tuvo unos 20 años espléndidos, y que extraje de ellos en temas de amoríos todo lo que era posible a la sazón, pero tenía que ingeniar situaciones propicias, casi siempre basadas en promesas matrimoniales para poder “tocar pelo”. Nunca me gustó “el amor pagado", por eso buscaba chicas normales para desahogar mis instintos de macho;  pero “la caza del chocho” era ardua y dura, y había que dedicarle el tiempo necesario para que a base de promesas y ofrendas; tiempo que iba en función si la “titi” de turno merecía la pena perderlo.

Por eso idee una técnica que me dio muy buenos resultados. Era muy simple. Cuando una chica me gustaba, pero sólo “para meter”, antes de pasar al tema mayor, indagaba de una forma muy seria y circunspecta sobre sus ideas políticas y religiosas. Si veía en ella evidencias de moral cristiana y de derechas, ¡malo! Por mucho que le gustaras, y por mucho que mojara sus bragas con sus pensamientos hacia ti, sabías que no había nada que hacer, a lo sumo unos besos o una “pajilla” mirando ella para otro lado. ¡Vamos! que aquello no era “paja” ni ná. 

Pero si la “titi” se te declaraba agnóstica o atea, y te contaba que sus padres eran rojos y que ella seguía esas ideas. ¡Oigan! No fallaba. Si le gustabas, se dejaba arrastrar por sus instintos y se entregaba a la vorágine del amor prohibido con la misma pasión que tú. La barreras se derribaban y los “polvos” eran bestiales. ¡Bueno! Eran brutales porque con 20 años mantenía mis 18 cm. en estado de alerta durante toda la sesión, y el muy “joputa” cuando te vestías ¡porque eso si! las rojas y las de derechas tenían que estar en casa a las diez de la noche, seguía tieso “el muy cabrón”.

Las chicas que “me cepillé” en aquel entonces ¡qué buenas estaban las jodías! eran todas de izquierdas. Reconozco que conocí a verdaderos bombones de derechas y muy católicas, pero ¡imposible! Ni con promesas de matrimonio, ni con escenitas del sofá, ni con nada... ¡No había forma! Y a mi a los 20 años eso de follar después del altar. La verdad que no. Además sólo de la forma que te la cogía una agnóstica roja, ya denotaba su experiencia. ¡Como sabían darle al manubrio!

Recuerdo que Mari Pepa, una chavala por la que “bebía los vientos”. Alta, delgada, morenaza... ¡Qué pedazo de hembra! Pero mas beata que Santa Teresa, conseguí a los cinco o seis meses y de una forma furtiva llevarle su mano a mi bragueta. ¡Mira! El respingo que pego al sentir el contacto de sus dedos con mi “velamen desplegado a los cuatro vientos” casi le da con el codo al vecino de localidad de la “fila de los mancos” del cine que nos encontrábamos.

Pero si os digo la verdad era muy emocionantes aquellas situaciones. “La caza del conejo” hoy no ofrece las excitaciones de antaño. Hoy follan hasta las más espirituales. El furor uterino ya no está subordinado a los avernos como entonces, por lo que la emoción de llevarte un chochito a la cama, ¡Bueno eso es mucho decir! a la Casa de Campo o a la era, era tan excitante y emocionante que el corazón te hacía: ¡pom.. pom...pom..!

Esa sensación la desconocen los chavales de hoy, y era tan  apasionante o más que el mismo “polvo”.¡Qué tiempos aquellos! Sin duda la liberación sexual de la mujer de hoy le ha quitado encanto al tema. ¡Hoy folla cualquier nena!

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