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El diario de Félix B. Basaldúa

Mi familia: una familia de pedorros

Mi familia: una familia de pedorros

H

e dudado por unos momentos en la conveniencia de escribir o no este artículo, pero como mi deseo no es hacer un blog light en donde solo vaya a contar lo que crea bueno que hay en mi, al final me he decantado por dar a conocer esta pequeña característica propia de mi familia: LOS PEDOS.

¡Si señores, si! ¡Qué quiere que le hagamos si somos pedorros! ¡Tampoco es para rasgarse las vestiduras! ¡Que el nivel de tirar pedos de mi familia es muy superior a la media nacional!, no es ninguna falta grave, ya que les juro por mis queridos difuntos, que las ventosidades sólo nos los tiramos en el servicio, y si nos acucia mucho la necesidad por la calle, les ponemos sordina. (Salvo en ocasiones excepcionales)

El pedo más gordo y sonoro de la década del 1910, por lo visto se lo tiró mi abuelo paterno.Era de un pueblecito de Toledo de la comarca de Talavera de la Reina, famoso por las carillas, una clase de judía muy pequeña y con un puntito negro a forma de cara, de ahí lo de carilla y que era muy aficionado a comerlas.

Resulta que......Iba mi abuelo montado en un mulo a la huerta que tenían por el camino entre zarzas e higueras que le conducía a ella. Mi padre iba inmediatamente detrás jugando con una vara de olivo. De repente se oyó tal estruendo que le retumbaron los oídos, por lo que dijo.

-Padre, ¿Quién se ha tirado ese pedo, usted o el mulo?

-He sido yo hijo. ¿Por qué lo preguntas?-

Es que me parecía muy gordo para ser del mulo.

¡Joder con mi abuelo! Se contaba en el pueblo que atizaba el fuego del hogar a base se pedos, y que la lumbre se revivía echando leches.

 El pedo más enorme que he oído en mi vida se lo tiró mi hermano José Antonio. Fui testigo del evento. Tendría a la sazón unos catorce años. Vivíamos en aquellas casas antiguas que contaba Miguel Gila; de pasillos larguísimos, que cuando gritabas desde el comedor a la cocina.

-Mamá, trae la sopa.Se oía por el pasillo.

-Opa... opa... opa... opa... opa.

Estaba mi hermano en la habitación donde dormíamos los dos, y el resto de la familia en la cocina, justo de punta a punta de la casa. De súbito se escuchó tal detonación que les juro y no exagero que si entonces hubiera existido ETA, hubiéramos creído sin lugar a dudas que era un atentado.

Yo creo que las paredes de la cocina se movieron por efecto de la onda expansiva. Lo que si asevero que las patas de la banqueta donde se sentaban mis posaderas temblaron. Fíjense si son sonoros los pedos de mi hermano, que actualmente, cuando se los tira en la intimidad del cuarto de baño, en donde nadie se puede sentir herido en su sensibilidad, el vecino del 5ª (él vive en el 3ª) dice:

-¡Animal!

Cuenta también, que una mañana del mes de Enero gélida y triste, iba por la calle y le sobrevinieron unas terribles ganas. Miró a su derecha y a su izquierda, y al observar que nadie podría reprimir sus ansias locas de peerse, dice que se tiró un pedo tan descomunal en su sonoridad, que un pobre hombre que circulaba inmediatamente a escasos pasos de su culo, y por esa ubicación estaba en la zona neutra de sus antenas, por lo que no pudo verle; salio despedido de tal guisa, que desde la acera de enfrente no paró de dedicarle improperios de animal para arriba.

 Uno de mis hijos, no voy a decir cual, ya que es licenciado en historia y bellas artes, y es la exquisitez en todas sus formas, y si se entera que escribo esto me va a echar una bronca. Tuvo una época en la que había que llevarle los espaguetis de la cocina al comedor en carretilla, se tiraba tales pedos, que su madre tenía que ponerle culeras a los pantalones, porque el desgaste a que estaban sometidas era tal, que un servidor no ganaba para comprarle un pantalón a la semana.

Los míos más que pedos son follones,  de esos que salen rebozados. Mi santa esposa que tiene la costumbre de acostarse un par de horas después de mi, tiene que abrir la ventana del dormitorio y airear las mantas. En verano no me importa, ¡pero coñe! En invierno me deja con el culo al aire y me constipo.

¡Si señoras y señores! Somos una familia de pedorros, y aunque no lo llevamos con orgullo, como los gays de su condición sexual, si nos produce grandes satisfacciones al cuerpo.

1 comentario

olga reyes -

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