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El diario de Félix B. Basaldúa

¿Son así todas las democracias?

¿Son así todas las democracias?  

No conozco otras democracias que la española, las demás sólo por referencias; por lo que no puedo hacer una comparativa para catalogar la nuestra con respecto a las más avanzadas. Pero mucho me temo, que si la cotejamos con las centro europeas, saldrá muy mal parada.

 

La democracia española nunca podrá estar a la altura de las consolidadas en el tiempo,  y siempre se debatirá entre estertores y conflictos por una razón tan simple como fundamental: “sus hijos” se reparten entre naturales y bastardos*. Dicho de otra forma para evitar suspicacias, muchos de “esos hijos” no reconocen a su madre; por lo que se desprende de una forma inequívoca, que éstos cuestionarán sus acciones continuamente.

 

Y si además, “el padre” se decanta en sus atenciones por unos o por otros, esa familia, jamás podrá encontrar la armonía y el equilibrio de convivencia, por lo que los conflictos y problemas se darán continuamente.

 

Un país que su Carta Magna sea cuestionada por muchos de sus ciudadanos, y que su interpretación no sea unánime y sin ninguna opción al error; está predestinado al fracaso, cuando no a conflictos beligerantes. Si el cien por cien de una sociedad no está de acuerdo en reconocer a una “madre” como la legítima de todos, esa sociedad-familia está condenada a la digresión.

 

Por eso afirmo, que la democracia española al no estar sustentada por la base indisoluble de la unidad, aunque lo proclame la Constitución, sus hijos bastardos no la reconocerán, estará siempre cuestionada y no reconocida como partida de unión de todos. Y una sociedad en esas condiciones, nunca podrá avanzar en la dirección que todos acepten como la más idónea.

   
 
 * BASTARDO. adj. Que degenera de su origen o naturaleza. 
 

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